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IN MEMORIAM

El pasado 21 de julio falleció el profesor Francisco Rodríguez Adrados, un grandísimo filólogo, timón de los estudios clásicos en España.

Resulta casi imposible homenajear adecuadamente a nuestro ilustre profesor mediante la cita de sus incuestionables y galácticos méritos, y por ello nos permitimos reproducir aquí parte del escrito con el que Jesús de la Villa, presidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, nos comunicaba a los socios el deceso:

Nacido en Salamanca en 1922, realizó sus estudios en esa ciudad y los de Filología Clásica en la Universidad de Salamanca. Doctorado en la Universidad Complutense. Catedrático del Instituto de Bachillerato Cardenal Cisneros de Madrid (1949), fue catedrático de FilologíaGriega de las Universidades de Barcelona (1951) y de la Universidad Complutense (1952). Entre otros muchos puestos y honores recibidos, fue miembro de la Real Academia Española (1990), de la Real Academia de la Historia (2003), de la Academia Argentina de las Letras (1994), de la Academia de Atenas (2003); fue Doctor Honoris Causa por las universidades de Salamanca, San Pablo CEU, de Madrid, y por la Universidad de Panamá (2014).
Fue socio fundador de la Sociedad Española de Estudios Clásicos en 1954 y su primer secretario. Con posterioridad, ha sido presidente de la SEEC en tres períodos: 1966-1967, 1970-1971, 1986-1999.
Fue socio fundador y primer presidente de la Sociedad Española de Lingüística (1970-1974). Presidente del Instituto de Filología Clásica del CSIC. Dirigió durante muchos años la revista Emerita y la Revista Española de Lingüística.
Ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio de la Fundación Aristóteles Onassis (1989), el Premio Castilla y León de Humanidades (1997), la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (1998), el Premio Menéndez Pidal de Investigación en Humanidades (1988), el Premio González-Ruano de Periodismo (2004), el Premio Nacional de Traducción (2005), el Premio de Investigación de la Comunidad de Madrid (2007) y el Premio Nacional de las Letras Españolas (2012).
Su ingente obra científica abarca la práctica totalidad de la Filología Griega, la Filología Clásica y el Indoeuropeo. Cientos de libros y artículos han contribuido a ampliar nuestro conocimiento en campos que van desde la fonética indoeuropea hasta la literatura comparada, pasando por la lingüística general, la lingüística griega, la literatura griega y otros muchos ámbitos del saber. Sus trabajos sobre las fábulas antiguas y su pervivencia, traducidos a varios idiomas, quedarán como un hito. Sobre todo ello dejó una obra de una amplitud incomparable dentro de la Filología Clásica española. Fue editor y traductor de numerosas obras de la literatura griega, entre las que hay que recordar a Tucídides y los liricos griegos arcaicos. Quedará también para siempre como el iniciador y responsable durante decenios del principal proyecto de la Filología Griega en España a lo largo de su historia: el monumental Diccionario Griego-Español, del que acaba de aparecer el octavo volumen.
Como docente, deja una gran escuela y una larguísima serie de discípulos, entre los que se encuentran algunos de los más eminentes filólogos españoles de la actualidad.
Magnífico gestor, la Filología Clásica española le recordará siempre por su infatigable lucha en defensa de los estudios clásicos en todoslos niveles educativos. A él se debe el haber conseguido preservar todo lo que hoy se mantiene de las materias clásicas en la Segunda Enseñanza en momentos en que su desaparición parecía inminente.

¡Descanse en paz!

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